martes, 12 de octubre de 2010

Lo Invisible

Para quienes pasan por encima de la realidad, para quienes les gusta las apariencias y se sienten seguros con ellas por que lo tienen delante de sus ojos, son incapaces de darse cuenta de lo esencial de la vida, de lo real.

El mal siempre busca pasar desapercibido, siempre busca ocultarse entre las sombras para no ser notado y así poder actuar. Esas sombras pueden ser también lo aparente, espejismos para quien se fía de sus ojos. Es así que el hombre tonto, víctima de las tentaciones del maligno y por su propio pecado cae redondo y directo en cualquier vicio. En cambio, el bien que viene de Dios pasa como una brisa suave, es invisible ante nuestros ojos torpes, se presenta en el silencio, a veces lo sentimos ligeramente, lo percibimos con algunos sentidos lejanamente, como que algo luminosos pasara por debajo de nuestra barca en el mar en pleno día. Hay pues un cierto esfuerzo que hacer para ser concientes de esta realidad. El Señor Jesús nos enseña que el reino de los cielos es como un grano de mostaza, pequeño en apariencia, pero al crecer es el árbol más grande de todos. El Señor se manifiesta con mucha frecuencia y de manera muy explícita en lo sencillo y pequeño en aquello que pasa desapercibido ante el ojo del superficial. Y es que para ver necesitamos tener los ojos limpios, ya se nos fue dicho... dichosos los limpios de corazón por que ellos verán a Dios.

martes, 5 de octubre de 2010

Grano de Mostaza

Nuestros ojos humanos son muchas veces torpes para ver lo grande dentro de las cosas pequeñas y sin importancia, lo extraordinario en medio de lo ordinario pasa pues desapercibido. Lo inmediato, lo grande, lo extraordinario o llamativo suelen ser elementos que captan nuestra atención. La bulla es otro elemento con el que nos topamos a diario en este mundo que busca huir del silencio. Pero que pasa si uno hace silencio, silencio no sólo con los actos, gestos, sonidos o con la mente, sino también en el corazón, vemos que la realidad comienza a mostrar otras dimensiones que no habíamos notado antes.

Al hablarnos el Señor Jesús sobre el Reino de los Cielos nos lo explica con distintas parábolas y una de ellas en la que me quiero detener es en la del grano de mostaza. ¿Por qué utiliza el Señor este elemento de la semilla del grano de mostaza?, ensayando una respuesta podría ser; la de cómo algo que es pequeño para los hombres y con poca trascendencia puede ser grande para Dios y dar mucho fruto. Esta simbología podemos aplicarla a distintas cosas o situaciones. Por ejemplo, en el caso de la humildad, buscando sencillez y pequeñez de vida, haciéndose el siervo de los demás y el último en todo, cultiva en su corazón una semilla de santidad que al llegar la cosecha será un fruto grande que nutrirá a muchos, y que al cosechar mostrará esa luz de santidad que lleva a encontrarse con Jesucristo.

El lenguaje del Señor Jesús es claro y directo para indicarnos el camino que debemos seguir para vivir verdaderamente, es por ello que para mirarlo más de cerca y descubrirlo en la realidad es necesario detenernos en las cosas pequeñas con un corazón sencillo y abierto y con una actitud dispuesta a dar a conocer al Señor con todo nuestro ser.

lunes, 4 de octubre de 2010

Plan de Dios

No es raro hacerse la pregunta sobre ¿cuál es el plan de Dios para mi?, ya que podemos notar cómo aquel anhelo de sentido se asoma en muchas ocasiones de nuestra vida, sobre todo en los momentos de silencio en el corazón. Es tan profundo y sutil que las palabras no alcanzan para explicarlo. Por ello, haciendo un alto para contemplar la naturaleza, noto cómo hay un fenómeno natural cotidiano que pude ayudar para dicha comprensión.

Uno de los más elocuentes paisajes y que más gusta es la puesta de sol en el mar. Ese sol que se torna naranja y que cuando desciende para ocultarse la deja una luz cálida que toca nuestro rostro como para admirarlo y sobrecogernos. Lo curioso es cómo aquel rayo de luz cálida marca un reflejo en el mar directo hasta nosotros. Es curioso por que cada persona percibe aquel reflejo de luz desde su propia posición, inclusive desde una cámara se puede percibir de la misma manera. Por ello, podríamos decir que aquel Sol de justicia traza un mensaje único, un camino para alcanzar único para cada uno. Es pues un camino de luz por el que hay que andar, a veces habrán olas muy grandes, otra será un remanso tranquilo. Lo importante es no dejar de ver el horizonte y no dejar de andar.

viernes, 1 de octubre de 2010

Una pequeña llama

El Señor nos invita no sólo a seguirlo, si no, a ser luz como Él, a brillar en medio de la oscuridad, nos invita a cooperar para que la luz del evangelio ilumine toda la realidad humana, a ser como la pequeña llama de un cirio que al recién encenderla ilumina la habitación oscura. Luego, conforme va pasando el tiempo el calor de la llama va derritiendo la cera que se encuentra cerca, así mientras pasa el tiempo, poco a poco ese pequeño calor va expandiéndose hasta el extremo y consumiendo toda la cera, transformando su entorno. Igualmente sucede en nuestra vida, conforme vamos siendo más santos, nuestro entorno se va transformando, conforme vamos conformándonos más con el Señor Jesús, vamos transmitir mejor la luz de la vida. Mientras más auténticos y saquemos lo mejor de nosotros como instrumento de Dios para ofrecerlo a los demás seremos esa luz en medio de la oscuridad.

Seamos luz de vida y esperanza en este mundo y en todos los lugares que frecuentemos, para que nuestro ardor por el Señor toque los corazones de cada persona.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Árboles Caídos

Un de las obras de arte que Dios compuso está siempre junto a nosotros. Las montañas nevadas, la vegetación y los árboles que uno puede encontrar en muchos lugares, son pues signos de la huella de Dios que a puesto para nuestra contemplación y admiración. Caminando en medio de los bosques encontré con curiosidad muchos árboles caídos, la cantidad de los mismos esparcidos en medio del bosque jaló mi atención. Hay de todos los tipos, unos jóvenes que aparentan raíz fuerte y tronco vivo, pero al acercarme veo cómo las termitas y otros pequeños animales han ganado su premio y lo han hecho caer. Hay los secos, que hasta la raíz se les secó y no encontraron agua para nutrirse y finalmente cayeron. Están también los que no crecieron bien y el peso de sus ramas los hicieron caer. Otros que al caer buscaron apoyarse en algún tronco firme, pero aún así se les quebró el tronco. Hay pues de todo tipo que por diversas circunstancias cayeron.

En medio de este bosque puedo ver un camino que se pierde en medio de los árboles, un camino hecho cuidadosamente con troncos cortados y puestos a cada lado, pero curiosamente, los árboles caídos obstaculizan el camino, tanto así que confunden y no permiten distinguir con claridad el sendero, ello exige tener una mirada más atenta y cuidadosa para ver el camino por el que otros han pisado firme.

De pronto, el viento comienza a soplar fuerte, la brisa se hace notar al chocar con las copas de los árboles frondosos y altos que están de pie, los rayos solares traspasan en medio de las ramas que se mueven por el viento y parecieran juguetear con el sol. Al mirar pues hacia arriba dejándome cegar por los rayos solares, escuchando los murmullos de las hojas y sorprendiéndome por los cantos de las aves que se posan en las ramas, así como otros pequeños animales que juguetean de tronco a tronco, veo que son muchos más los que están de pie apuntando al cielo y buscando el calor del la luz solar.


La noche llega y con ella el frío, la nieve cae con su silencio, discreta y suave, pero constante. Pasan las horas y ya a cubierto todo, se genera una acústica que apaga todo ruido y los árboles caídos ya no se ven, sólo se ven los árboles de pie que alojan en sus ramas copos blancos de nieve, como adornándose para la fiesta.

viernes, 22 de agosto de 2008

Tierra Espiritual

Nuestra tierra Latinoamericana tiene una serie de características propias que no encontramos en ninguna otra parte del mundo, estas características a las cuales nos referimos son las condiciones geográficas y climatológicas que Dios a dispuesto para esta tierra. Este ande que se levanta imponente en nuestro continente parece arañar el cielo con sus puntas nevadas. Estas tierras áridas y toscas forman al hombre en reciedumbre interior. El clima agresivo, es parte de esta obra de arte divina que no hace más que forjar al hombre andino para una vida dura y sin comodidades. La sierra definitivamente guarda mucha belleza y mucho dolor.

Para tener una vida espiritual santa y fructífera es necesario que se encuentre en permanente combate y para esto necesitamos forjar el espíritu, educarnos a ganar muchos hábitos virtuosos y hacernos piedras vivas y santas para Dios. Nuestra tierra latina, sobre todo serrana, tiene esas cualidades que pueden ayudar mucho para el crecimiento interior, siempre y cuando tenga una correcta aplicación. Dios en su obra artística a dejado su huella hermosa que nos permite ver en la naturaleza esa pedagogía divina que está ahí, siempre, esperándonos y dispuesta a ser observada y apreciada. Pasa muchas veces desapercibida para quien no quiere mirar fuera de si, para quien tiene el corazón duro y mezquino.

Con todo esto, el Señor nos ha dado una gran misión en esta identidad latinoamericana, somos aquellos que pasamos por estas tierras para ser educados. Dentro del Plan Divino somos un continente de esperanza para la Iglesia y el mundo. Es tiempo de dar fruto de todo lo aprendido.

martes, 19 de agosto de 2008

Encontrarse con Dios

Al hacernos la pregunta de ¿cómo encontrarnos con Dios?, nos puede venir a la mente algunas alternativas. Una de ellas podría ser cuando lo veamos cara a cara después de la muerte, -si hemos alcanzado esa meta- a través de los sacramentos o en una pequeña oración, en fin. Definitivamente la iglesia nos ofrece muchas posibilidades para que se de este encuentro. Pero aun así la pregunta no deja de resonar en el interior muchas veces, porque siempre buscamos esa intensidad de un encuentro con alguien que nos conoce, buscamos esa luz que nos llena de luz nuestro caminar cotidiano.

“Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios.” Mt 5, 8
“Todo sarmiento que, estando en Mi, no lleva fruto, lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto.” Jn 15, 2

A través de estas citas, el Señor Jesús nos da la clave para encontrarnos con el Padre celestial, al mismo tiempo para encontrarnos también con Él. Es el estar limpios de corazón, es el alcanzar la pureza interior que nos permita ser lo suficientemente transparentes para poder mirar a Dios ya sea en la vida cotidiana como en el día de nuestra muerte. Al mismo tiempo, como fruto de esta pureza y de este encuentro vamos a ser como vitrales de catedral, dejándonos traspasar por la luz divina para que esta llegue a las demás personas.