jueves, 30 de septiembre de 2010

Árboles Caídos

Un de las obras de arte que Dios compuso está siempre junto a nosotros. Las montañas nevadas, la vegetación y los árboles que uno puede encontrar en muchos lugares, son pues signos de la huella de Dios que a puesto para nuestra contemplación y admiración. Caminando en medio de los bosques encontré con curiosidad muchos árboles caídos, la cantidad de los mismos esparcidos en medio del bosque jaló mi atención. Hay de todos los tipos, unos jóvenes que aparentan raíz fuerte y tronco vivo, pero al acercarme veo cómo las termitas y otros pequeños animales han ganado su premio y lo han hecho caer. Hay los secos, que hasta la raíz se les secó y no encontraron agua para nutrirse y finalmente cayeron. Están también los que no crecieron bien y el peso de sus ramas los hicieron caer. Otros que al caer buscaron apoyarse en algún tronco firme, pero aún así se les quebró el tronco. Hay pues de todo tipo que por diversas circunstancias cayeron.

En medio de este bosque puedo ver un camino que se pierde en medio de los árboles, un camino hecho cuidadosamente con troncos cortados y puestos a cada lado, pero curiosamente, los árboles caídos obstaculizan el camino, tanto así que confunden y no permiten distinguir con claridad el sendero, ello exige tener una mirada más atenta y cuidadosa para ver el camino por el que otros han pisado firme.

De pronto, el viento comienza a soplar fuerte, la brisa se hace notar al chocar con las copas de los árboles frondosos y altos que están de pie, los rayos solares traspasan en medio de las ramas que se mueven por el viento y parecieran juguetear con el sol. Al mirar pues hacia arriba dejándome cegar por los rayos solares, escuchando los murmullos de las hojas y sorprendiéndome por los cantos de las aves que se posan en las ramas, así como otros pequeños animales que juguetean de tronco a tronco, veo que son muchos más los que están de pie apuntando al cielo y buscando el calor del la luz solar.


La noche llega y con ella el frío, la nieve cae con su silencio, discreta y suave, pero constante. Pasan las horas y ya a cubierto todo, se genera una acústica que apaga todo ruido y los árboles caídos ya no se ven, sólo se ven los árboles de pie que alojan en sus ramas copos blancos de nieve, como adornándose para la fiesta.

viernes, 22 de agosto de 2008

Tierra Espiritual

Nuestra tierra Latinoamericana tiene una serie de características propias que no encontramos en ninguna otra parte del mundo, estas características a las cuales nos referimos son las condiciones geográficas y climatológicas que Dios a dispuesto para esta tierra. Este ande que se levanta imponente en nuestro continente parece arañar el cielo con sus puntas nevadas. Estas tierras áridas y toscas forman al hombre en reciedumbre interior. El clima agresivo, es parte de esta obra de arte divina que no hace más que forjar al hombre andino para una vida dura y sin comodidades. La sierra definitivamente guarda mucha belleza y mucho dolor.

Para tener una vida espiritual santa y fructífera es necesario que se encuentre en permanente combate y para esto necesitamos forjar el espíritu, educarnos a ganar muchos hábitos virtuosos y hacernos piedras vivas y santas para Dios. Nuestra tierra latina, sobre todo serrana, tiene esas cualidades que pueden ayudar mucho para el crecimiento interior, siempre y cuando tenga una correcta aplicación. Dios en su obra artística a dejado su huella hermosa que nos permite ver en la naturaleza esa pedagogía divina que está ahí, siempre, esperándonos y dispuesta a ser observada y apreciada. Pasa muchas veces desapercibida para quien no quiere mirar fuera de si, para quien tiene el corazón duro y mezquino.

Con todo esto, el Señor nos ha dado una gran misión en esta identidad latinoamericana, somos aquellos que pasamos por estas tierras para ser educados. Dentro del Plan Divino somos un continente de esperanza para la Iglesia y el mundo. Es tiempo de dar fruto de todo lo aprendido.

martes, 19 de agosto de 2008

Encontrarse con Dios

Al hacernos la pregunta de ¿cómo encontrarnos con Dios?, nos puede venir a la mente algunas alternativas. Una de ellas podría ser cuando lo veamos cara a cara después de la muerte, -si hemos alcanzado esa meta- a través de los sacramentos o en una pequeña oración, en fin. Definitivamente la iglesia nos ofrece muchas posibilidades para que se de este encuentro. Pero aun así la pregunta no deja de resonar en el interior muchas veces, porque siempre buscamos esa intensidad de un encuentro con alguien que nos conoce, buscamos esa luz que nos llena de luz nuestro caminar cotidiano.

“Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios.” Mt 5, 8
“Todo sarmiento que, estando en Mi, no lleva fruto, lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto.” Jn 15, 2

A través de estas citas, el Señor Jesús nos da la clave para encontrarnos con el Padre celestial, al mismo tiempo para encontrarnos también con Él. Es el estar limpios de corazón, es el alcanzar la pureza interior que nos permita ser lo suficientemente transparentes para poder mirar a Dios ya sea en la vida cotidiana como en el día de nuestra muerte. Al mismo tiempo, como fruto de esta pureza y de este encuentro vamos a ser como vitrales de catedral, dejándonos traspasar por la luz divina para que esta llegue a las demás personas.

martes, 21 de agosto de 2007

El Símbolo

Hay muchas cosas que se pueden expresar a través de un símbolo, inclusive muchos elementos invisibles y que pueden ser vistos o conocidos con nuestros sentidos, un ejemplo de ello es la liturgia. En la liturgia se utiliza el símbolo para expresar las realidades divinas e invisibles que realmente se dan, es así, que el hombre a utilizado siempre el símbolo para expresar y comunicar con algún elemento aquellas realidades. Creo que vale la pena detenerse un momento en reflexionar acerca de aquellas realidades eternas que no somos capaces de conocer con nuestros sentidos y que nuestras palabras no bastan para comunicar todo aquello que Dios manifiesta. La Santa Madre Iglesia, con toda su sabiduría, nos enseña cómo comunicar esa realidad invisible con todos esos elementos en la liturgia que nos hablan de Dios, cada acontecimiento tiene un sentido, cada gesto, cada palabra carga un contenido llevado por la tradición, comunicándonos algo, es que el mismo Señor nos enseña muchas veces a hablar en distintos niveles de comunicación, nos enseña a ser transmisores de su amor, a ser corresponsales con la transmisión de la palabra viva. Vemos entonces que el Señor nos invita a ser símbolos de fe, a transmitir y manifestar todo ese contenido de fe y tradición, a transmitir vida cristiana con nuestros gestos, actos y palabras. El Señor nos invita a que encarnemos su palabra y seamos ese sÌmbolo que muestre la fe de la Iglesia. Nos invita, pues, el Señor a ser sÌmbolo de esas realidades que no se perciben a veces con nuestros sentidos y transmitir esa luz viva divina para iluminar los corazones de los hombres.